PublicacionesAnálisis. Primer discurso de Joe Biden sobre el Estado de la Unión

Análisis. Primer discurso de Joe Biden sobre el Estado de la Unión

JULEN SANTANA

La historia se repite: de Afganistán a Ucrania
El 12 de febrero, cuando Joe Biden anunció las intenciones de Vladìmir Putin de invadir Ucrania, fueron pocos los que dieron crédito a sus palabras y contemplaron la posibilidad de una guerra a las puertas de Europa. 17 días después, con las tropas rusas bombardeando la ciudad de Járkov,el presidente de los Estados Unidos se dirigió a las y los norteamericanos en su primer discurso del Estado de la Unión.

El discurso del presidente Biden llega en un contexto en el que los datos de las encuestas no le resultan muy favorables, contando con solo la aprobación del 40% de la ciudadanía estadounidenses y con el 54% considerando que no está haciendo un buen trabajo.

La presión y la expectación generada en torno a su alocución hicieron que el equipo de Biden trabajara minuciosamente tanto el discurso como la propia puesta en escena, aprovechando el gran interés mediático, para tratar de revertir estos datos y no perder el dominio de las dos Cámaras del Capitolio en las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre.  

En su discurso, Biden contó con un fondo histórico en el que, por primera vez, dos mujeres, la vicepresidenta Kamala Harris y la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, flanquearon al presidente de los Estados Unidos durante un discurso sobre el Estado de la Unión. Una imagen por la que se apostó con gran acierto en el discurso de los 100 primeros días de mandato, como muestra de su implicación con el feminismo y las políticas de igualdad, y que se ha vuelto a reproducir en esta ocasión con éxito.

Por otro lado, el Capitolio transmitió una impactante imagen de vuelta a la normalidad con una Cámara legislativa en la que apenas se vieron mascarillas y en la que los y las congresistas se fundían en abrazos, estrechando sus manos con total tranquilidad. Un escenario que recuerda a tiempos pasados y con el que se trató de revertir el cansancio generalizado y la división social derivada de la pandemia.  

Sin duda, uno de los grandes aciertos del debate fue la invitación y la presencia en el palco de honor de la embajadora de Ucrania en Estados Unidos. Una acción política memorable que aportó emotividad y logró el aplauso unánime de la Cámara, transmitiendo la unidad y el consenso que buscaba Biden. 

Analizando el mensaje de Biden, son especialmente llamativas e interesantes las similitudes de su mensaje con otros discursos pronunciados por antecesores suyos en esta tribuna. En 1987, en el marco de la post-Guerra Fría, Ronald Reagan abordó la invasión de Afganistán por parte de las tropas de la Unión Soviética, pronunciando un duro discurso contra la URSS en el Estado de la Unión similar al de Biden.

En sus discursos, tanto Reagan como Biden apelaban a la libertad de Afganistán y Ucrania, respectivamente, destacando su valentía y determinación en su proceso bélico. Si Biden defendió que «desde el presidente Zelensky hasta todos los ucranianos, su valentía, su coraje, su determinación, literalmente inspiran al mundo», asegurando con un tono emocional que «Putin nunca extinguirá su amor (del pueblo ucraniano) por la libertad. Y nunca, nunca debilitará la determinación del mundo libre», Reagan pronunció: «Es mi deber como presidente decirles nuevamente esta noche que no hay forma más segura de perder la libertad que perder nuestra determinación. Hoy, el valiente pueblo de Afganistán está demostrando esa determinación.»

Ambos presidentes subrayan las alianzas de Estados Unidos frente a las amenazas externas como símbolo de fortaleza y recalcan su predisposición por la diplomacia y las soluciones políticas. Reagan aseguró entonces: «Hemos hecho mucho en los últimos años para restaurar nuestras defensas, nuestras alianzas y nuestro liderazgo en el mundo», defendiendo posteriormente que «estamos dispuestos a apoyar una solución política que garantice la rápida retirada de todas las tropas soviéticas». Mientras que Biden defendió: «Nos preparamos extensa y cuidadosamente. Pasamos meses construyendo una coalición de otras naciones amantes de la libertad (…) Putin rechazó repetidos esfuerzos en la diplomacia.»

Biden, durante los 62 minutos que se extendió su ponencia, trató de buscar consensos y transmitir una imagen de unidad. Sus palabras denotaban un nuevo giro hacia el centro y un propósito de tender la mano a sus adversarios políticos a los que se refirió como «mis amigos republicanos» para lograr acuerdos de mayorías. Aprovechando la oportunidad que supone la falta de liderazgo en el partido de la oposición, Biden trata de transmitir una imagen de estadista y pidió colaboración a los republicanos: «Es importante para nosotros mostrarle a la nación que podemos unirnos y hacer grandes cosas». Un discurso que logró dejar imágenes que pasarán a la historia por haber logrado, después de mucho tiempo, ovaciones por parte de los dos principales partidos.

La amenaza de un agente externo le sirvió como pretexto para reforzar su discurso unionista, fijando un «nosotros», referenciando a todos los norteamericanos, y situando a Putin como el «enemigo común». «Pensó que podía dividirnos en casa, en esta Cámara y en esta nación. Pensó que también podría dividirnos en Europa. Pero Putin estaba equivocado. Estamos listos. Estamos unidos, y eso es lo que hicimos. Nos mantuvimos unidos», un claro alegato en favor de la unidad como nación y con la que probablemente trate de desmarcarse de la polarización y división que caracterizó a la anterior administración presidida por Donald Trump.

Sin duda, para muchos, los problemas de dicción y lectura son el talón de Aquiles del presidente de los Estados Unidos. En esta ocasión, un lapsus, que no pasó desapercibido para nadie, le jugó una mala pasada, al confundir al pueblo ucraniano con el iraní.  «Putin nunca se ganará los corazones del pueblo iraní». Un error que fue carne de meme y trending topic durante toda la velada, especialmente, por la cara de circunstancia de la vicepresidenta Harris.

Uno de los principales objetivos de Joe Biden fue el de invertir la imagen de ‘débil’ que representa para los republicanos, y lo hizo recurriendo a un tono firme y directo calificando a Putin de «tirano» o «dictador», sin titubeos, profiriendo amenazas en tono irónico: «Putin no sabe lo que le espera» y lanzando un mensaje en el cierre de discurso «Go get ‘em», que representa la fortaleza y la valentía del país.

Por otro lado, su discurso también tuvo un espacio orientado a mostrar al lado más emocional y humano. Minutos antes del cierre del discurso cuando abordaba las medidas en materia de sanidad, Biden no quiso dejar pasar la oportunidad para prometer que impulsará la investigación para disminuir la tasa de cáncer como «un tema personal», haciendo referencia a su hijo fallecido por esta enfermedad en 2015. Unas declaraciones que cambiaron el semblante de su rostro y provocaron que la Cámara aplaudiera su intervención. Un momento emotivo con el que transmitió una imagen cercana y humana e hizo inevitable empatizar con él.

Por tanto, un discurso concebido como una potencial oportunidad en el marco de una gran expectativa mediática, aprovechado para revertir todas aquellas debilidades que le podrían llevar a perder el dominio de las dos principales Cámaras del país el próximo mes de noviembre. Aunque sus propuestas económicas y de país no lograron resonancia ni la aprobación entre los republicanos, Biden sí logró introducir con acierto el frame deseado: transmitir unidad en un país polarizado, el comienzo de una nueva era pospandemia ante un país cansado de restricciones y reforzar su imagen como líder del «mundo libre» valiéndose de la guerra Ucrania – Rusia. 


Autor: Julen Santana (equipo ideograma)

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