PublicacionesAnálisis. El debate presidencial: a la caza del insumiso

Análisis. El debate presidencial: a la caza del insumiso

MARINA RALUY

El 20 de abril tuvo lugar el único debate televisivo de la campaña presidencial francesa. Macron y Le Pen volvieron a verse las caras en plató, repitiendo una escena que ya se vio en 2017.

Un debate cuya victoria —como pasa a menudo en este tipo de citas— se percibe de manera diferente entre los numerosos expertos, analistas y opinadores: algunos señalan a Macron como el vencedor, si bien muchos otros resaltan el papel de Le Pen y afirman que fue ella quien ganó la batalla retórica que se libró el pasado miércoles.

Es bien sabido que, en comunicación política, las formas son fondo. De ahí, que la manera en la que se presentan las propuestas, se plantean los argumentos y se debate con los rivales deba cuidarse tanto como el contenido del mensaje. En esta ocasión, las formas dibujaron una contienda bastante igualada, con una Le Pen claramente mejor que en 2017 y con un Macron cuya superioridad intelectual y de conocimientos no lució tanto —en lo que a las formas se refiere— como en aquella ocasión.

En relación a la puesta en escena, es importante mencionar que, en los debates presidenciales franceses, el lugar que ocupan los candidatos en pantalla se decide por sorteo. Al contrario de lo que sucedió en 2017, en esta ocasión Macron estaba sentado a la izquierda de la pantalla y Le Pen en la parte derecha. Y hay algo curioso sobre esto: más allá de cambiar su colocación en pantalla, los candidatos cambiaron sus roles.

Mientras que en 2017 Le Pen tuvo una postura agresiva, histriónica, se mostró poco preparada en las cifras, perdió los nervios en numerosas ocasiones y, en definitiva, erró en las formas de manera indiscutible, en este debate se mantuvo más tranquila, mesurada y defensiva. Una postura coherente con la candidata que ha querido ser durante la campaña: una persona cercana, empática y sonriente. De hecho, se nota que sus asesores le insistieron en que sonriera: nunca antes se la había visto sonreír tanto.

Por otro lado, Macron, quien en 2017 apostó por mantenerse tranquilo, contrastando con las malas formas de su rival y mostrando su superioridad retórica de manera serena, optó por una actitud acorraladora, agresiva y dominadora. Una actitud que fue criticada por muchos, quienes lo percibieron como arrogante, frío y elitista.

Aún así, el carácter incisivo de Macron no impidió que el candidato perdiera la compostura, siendo el resultado de la jornada un debate mucho menos tenso a nivel formal y mucho más técnico a nivel sustancial que el que fue hace 5 años.

Acompañando a su actitud tranquila, Le Pen empleó un discurso más moderado en temas como el futuro de la Unión Europea y, buscando el voto de Mélenchon —el votante de izquierdas, de clase obrera y anti-establishment—, apostó por mostrarse como la candidata que sufre con el sufrimiento de los colectivos vulnerables. Sin embargó, utilizó un discurso muy duro frente a la immigración —planteó prohibir el velo islámico en la vía pública, reducir el derecho de asilo y la expulsión de los condenados extranjeros— y también frente a la seguridad nacional, temas que generan rechazo en gran parte del electorado de Mélenchon

Por su parte, Macron consiguió dejar en evidencia a Le Pen en temas como el cambio climático, llamándola en una ocasión ‘climatoescéptica’,  así como por sus relaciones con el Kremlin y su postura sobre la guerra en Ucrania, lo cual le sirvió para eliminar los intentos de su rival de mostrarse como una candidata moderada. En definitiva, intentó destruir el personaje afable, cercano y empático que había construido Le Pen, mucho más presente en campaña de lo que estuvo él durante la primera vuelta.

El del pasado miércoles fue un debate muy técnico, aburrido en ocasiones, controlado en las formas y poco decisivo a la hora de asegurar el voto de los abstencionistas y votantes de la Francia insumisa de Mélenchon.

Quizás este debate fue una premonición del resultado del próximo 24 de abril: una batalla muy ajustada, mucho más que la de 2017, en la que un 59% de los espectadores cree que el presidente estuvo más convincente, frente al 40% que apuesta por la candidata de Reagrupación Nacional, según un sondeo de la cadena BFMTV. Unas cifras que, según las encuestas, son las que nos vamos a encontrar en dos días, en cuanto empiece el recuento de votos. Una victoria de Macron, pero bastante más ajustada que la que obtuvo en 2017.

La clave está en conseguir movilizar los potenciales abstencionistas en su favor y, sobre todo, generar simpatías con el votante anti-establishment de Mélenchon. La batalla final se juega el domingo y hará falta esperar hasta el último momento para que muchos de ellos se decidan entre una de las dos papeletas en las urnas. Y una vez más, la clave estará en conseguir que a los insumisos les pueda más el odio hacia el otro que el agrado hacia uno.

Autora: Marina Raluy (equipo ideograma)

Especial: Elecciones Francia 2022

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